Si no recuerdo mal, fue allá por los primeros años de la década de los 90 cuando recuperamos para el coro las bodas y las misas. Y digo recuperamos porque hasta entonces habíamos cantados algunas misas y bodas de componentes o algún que otro compromiso, pero nunca sin la asiduidad que llevamos desde el 90 o el 91,

Empezamos cantando misa en la Residencia Militar de Cortadura, cuando celebraban cada quincena la ceremonia, no se si de bienvenida o de despedida, de los veraneantes.

Ya poco a poco seguimos cantando bodas hasta coger un ritmo que en los últimos años, la verdad, es que no paramos. Incluso tenemos que apuntar bodas para años venideros.

Al principio, como siempre pasa en este coro, fue todo un poco improvisado. Casi sin ensayar: “ no si el canto de entrada es el Gaditana, es fácil “ “ que si un clupé, que si el tango de los Claveles, etc”. Y la letra para que os voy a contar. Se hicieron corriendo algunos cuadernillos para salir del paso hasta que se aprendieran las letras, aunque algunos, después de 15 años no se la han aprendido todavía.

Sería prácticamente imposible enumerar a todos los componentes que han pasado por este mini coro, pero creo que casi todos los que han salido en el coro de Julio, aunque sea un día, han cantado alguna que otra misa.

Citar todas las bodas y misas cantadas, también imposible, aunque algunas que nos vengan a la memoria como las celebradas a nuestra Patrona, a la Galeona que zarpaba con el Cano, algún que otro famoso como Manolo Carrasco, etc.

Ciudades y pueblos, igualmente muchos. Desde toda la Bahía, pasando por Jerez, Algeciras, Medina, Sevilla, y este año Mérida (cada vez que lo recuerdo me tiro 2 o 3 días sin probar la carne). Por cierto, que esta boda tienen mención especial, no porque fuera en Mérida, sino que fue una de las más largas que hayamos cantado, durando más de 2 horas y porque aparte de nosotros, había un coro rociero, un dúo de música clásica (violín y guitarra) y al final el padre del novio cantó unas sevillanas. Luego la famosa cena, ya de vuelta, en la que comimos de todo, pero yo no se si el dueño quería terminar con toda la existencia de carne asada o lo que sea, pero lo cierto es que terminamos de carne hasta, ya os lo podéis imaginar. Creo que estuvimos algunos días sin poder probarla, a base de pescadito y verduras. La verdad es que lo pasamos muy bien.

Mención especial hay que hacerla con la Salve. En 1996, cuando sacamos El Buque Escuela, llevábamos por presentación la Salve Marinera. Pues desde entonces la tenemos que cantar como cierre de todas las bodas, porque además, es lo primero que nos piden cuando nos llaman para cantar. El problema surge, porque esta Salve es una versión nuestra, cuando nos sale un cura cantor o un público que la sabe, se forma un gazpacho rítmico musical que ya os podréis imaginar, cada uno por su lado. Una de las salidas del Cano, en la Iglesia de Santo Domingo, como es normal, estaba llena de Guardiamarinas, Oficiales, etc, hasta la banda de música de la Marina; pues nada, el coro por un sitio, los militares por otro, y hasta el cura cantor por otro. Pero en fin, siempre sale bien.

Anécdotas, innumerables. Desde aplauso de los asistentes y del cura, hasta alguna que otra llamada de atención por parte del cura para que nos calláramos. Pero quizás me quede con una de un componente, en Santo Tomás, en la que parecía que estábamos en el Teatro Falla. Por no faltar, no faltaba ni María la Hierbabuena. Aplausos cuando terminábamos, ritmo con las palmas en los tanguillos, ya les digo, un poco más y en el Falla.

Pero todo no va a ser “sacrificio”. Cuando tenemos un dinerito reunido, nos vamos a comer por ahí. Aquí ya os podréis imaginar como nos ponemos y lo pasamos. Por cierto, a la comida todos van, no faltan ninguno. O mejor dicho, los que menos van a cantar, son los que nunca faltan a las comidas. Morrrrrrooooooo.

Continuará…….

Juan Luis Fernández Cerredo